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LA
FIESTA
Robleda contaba hasta la década de los años setenta con
cinco fiestas a lo largo del año. La Santa Cruz, el primer sábado
de mayo; La Fiesta de Mayo, el tercer domingo del mes; la Fiesta de Santa
Ana, fiesta principal en honor de la Santa a finales de julio y la Fiesta
de la Patrona, el catorce de septiembre.
En todas ellas durante su celebración, sábado y domingo,
se celebraba una misa. En la de Santa Ana, además, había
otra por todos los difuntos del pueblo y, una parte más lúdica
para regocijo de los más jóvenes; el baile. El baile estaba
amenizado por orquestas de la zona principalmente de Melgar de Tera o
de Rabanillo, pero esto en las décadas finales ya que en los primeros
cincuenta años predominaba el tamboril, la pandereta y en ocasiones
la gaita. Robleda dio grandes cantores y tocadores de pandereta.
Estos bailes, jota, corrido, agarrao, estaban supervisados por la autoridad
competente, es decir el cura, el alcalde, el médico y los padres
y madres que velaban por que nadie se ajuntara mucho o se propasara.
El baile se celebraba en La Llama, con la orquesta subida en uno o dos
carros desprovistos de sus angarillas. Comenzaba a las cinco de la tarde
y terminaba a las ocho o nueve de la noche, volviendo, al serano, sobre
las diez y hasta las doce aproximadamente.
Con la creación de la Comisión de Festejos de Santa Ana,
en la década de los años setenta, y el éxodo masivo
de los vecinos de Robleda hacia capitales españolas, varió
de forma significativa la celebración de estas fiestas. La Santa
Cruz, Mayo y la Patrona pasan a ser una celebración exclusiva de
los vecinos que habitan el pueblo más algún que otro que
retorna en esas fechas y se reduce a una misa y la consiguiente reunión/ágape.
No sucede así con la fiesta de Santa Ana. La Comisión de
Festejos, dirigida por gentes del pueblo, residan o no en el y con turnos
rotatorios más o menos formales, logra engrandecer la fiesta de
tal manera que somos pocos los que faltamos a ella todos los años
y, el que por razones obvias ha de faltar no deja de tener un gusanillo
dentro durante esas fechas. Santa Ana ha pasado de ser una fiesta exclusiva
para el pueblo a convertirse en icono de juerga para toda Sanabria. Los
diferentes gestores de la Comisión han sabido rodearla de un halo
de importancia tal que son pocos los que se resisten a no asistir o cuando
menos no hacer una pasada por la misma.
De viernes a martes, grandes grupos musicales, buenos juegos y entretenimientos
para los más chicos, excelentes meriendas para el pueblo unido,
colaboraciones de organismos oficiales y privados, personalidades públicas,
los huevos, las misas, la procesión, la alborada, el chocolate
y un largo etcétera hacen de la fiesta de Santa Ana una de las
más importantes de Sanabria.
A finales del pasado siglo se ha recuperado una celebración más
en honor de San Esteban, patrón de Chaguaceda, que se celebra el
26 de diciembre.
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LOS
HUEVOS
Los lunes de la fiesta se desarrolla la ya tradicional Recogida de Huevos.
En la primera mitad del pasado siglo, los mozos iban casa por casa pidiendo
Los Huevos. Cada vecino les daba, huevos, patatas, pastas, o lo que
podía. Todo ellos dentro de una sana algarabía aderezada
con pandereta y tamboril y cuando se podía, una gaita; cantando
y bailando entre pinta y pinta de aguardiente o anís.
Con lo recaudado o más bien con lo cosechado, los mozos organizaban
una pequeña merendola sin otro ánimo que seguir la fiesta.
Actualmente, no podía ser de otra manera, esa tradición
no ha desaparecido, más bien ha arraigado aún cuando sus
métodos son diferentes. El recorrido se realiza igualmente casa
por casa, salvo la que haya tenido la desgracia de algún difunto,
se canta y se baila, se pica, se bebe, pero es todo más crematístico.
Actualmente la Recogida de Huevos es una manera de recaudar fondos que
ayuden a sufragar los gastos de la fiesta.
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EL
SERANO
Cualquier pueblo de Sanabria, Robleda entre ellos, tenía que
sufrir el duro invierno y las escasas horas de sol. Llegada la noche,
con los quehaceres hechos no quedaba otra cosa que buscar la camaradería
entre sus gentes para hacer más llevaderas esas horas previas
al descanso.
El contacto y las charlas daban lugar a los Seranos. Reuniones de
jóvenes y no tan jóvenes en casas o tabernas pero sobre
todo en los hornos de pan. Allí los mozos charlaban sobre los
acontecido durante el día mientras las mozas se dedicaban a
las labores propias de aquella época (tejer, coser o hilar)
todo ello aderezado con buenos cánticos, chistes y algún
que otro virtuoso de tamboril.
Con el paso del tiempo y progresando conforme a la época, el
serano paso a ser la última parte del día de fiesta.
Después de la correspondiente cena en familia se volvía
a salir, generalmente a La Llama para disfrutar de un par de horas
de baile.
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LOS
ATURRIOS
Es una especie de grito o alarido que fue usado en toda la comarca sanabresa
hasta mediado el siglo pasado. El aturrio era un modo de comunicación,
generalmente, de la gente más joven, indistintamente de mozos
o mozas, aunque principalmente usado por los mozos.
Existieron varios tonos o tipos de aturrio y en función de estos
los “profesionales” sabían de que se trataba o que
nos quería decir aquel que aturriaba.
Por medio del aturrio se podía saber que había serano;
que se avecinaba un enfrentamiento con mozos de otro u otros pueblos;
que algún mozo de otro pueblo estaba cortejando a una moza del
nuestro; que algún forastero se acercaba y un largo etcétera
de cuestiones que prácticamente se han olvidado.
El aturrio, podemos asegurar “comunicaba” fielmente la noticia
que había que conocer y que propagar.
Un aturrio prolongado en exceso exigía de los oyentes una inmediata
disposición para el enfrentamiento con mozos de otros pueblos
para contestar a algún tipo de agresión sufrida. Si era
muy corto, quien escuchaba sabía que algún forastero se
había colado para verse con alguna señorita y eso, había
que evitarlo a toda costa. Si era de duración intermedia era
para conocer si había serano, donde, y si se podía asistir.
Para la confirmación a este tipo de comunicación no era
otra que devolver el aturrio en su misma configuración.
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LAS
AMONESTACIONES O PROCLAMOS
Cuando una pareja decidía contraer matrimonio sabía que
el primer paso a dar era el anuncio del mismo para conocimiento de todo
el pueblo.
Este anuncio lo realizaba el Cura en la Iglesia un mes antes aproximadamente
de la fecha que los novios habían previsto para la boda y lo
repetía cada domingo, en misa, hasta la misma.
El Cura, desde el púlpito, decía “Por esta primera
amonestación desean contraer matrimonio canónico como
manda la Santa Madre Iglesia Don…………. Y Doña……………..
Si cualquiera conociera algún impedimento para que este matrimonio
no pueda celebrarse que lo diga ahora o incurrirá en pecado mortal”.
Los asistentes a la misa repetían “que Dios les ayude”.
El domingo siguiente, el Cura, desde su púlpito repetía
la amonestación ““Por esta segunda amonestación
desean contraer matrimonio canónico como manda la Santa Madre
Iglesia Don…………. Y Doña……………..
Si cualquiera conociera algún impedimento para que este matrimonio
no pueda celebrarse que lo diga ahora o incurrirá en pecado mortal”.
Los asistentes a la misa repetían “que Dios les ayude”.
Y así hasta la celebración de la boda. Dos días
de fiesta, boda y tornaboda.
Cantar típico de la época era:
Dicen del casar, casar; yo también me casaría
Si la vida de casado; fuera como el primer día.
Que contenta está la novia porque sale de soltera
Y más contento está el novio ya que va a dormir con ella.
LA
FUMAZA
Tradicional jolgorio de los más jóvenes, la noche de San
Juan, en la que todos salían ahumados y alguno con algún
chichón de más. Consistía en saltar por encima
de un gran fuego, más que fuego, mucho humo, ya que el combustible
eran hojas y plantas verdes – faleitos, cudesos, etc. –
que previamente se habían recolectado.
Algunos decían basándose en el saber popular que el humo
era bueno para prevenir el cuerpo contra diversas enfermedades y otros,
en cambio, solamente aplicaban la fumaza al juego o a la simple celebración.
Había una canción típica para ese día:
Los de Barribajo mataron al sapo
Los de Barrioarriba le comieron la barriga
Los de la Castañal lo cogieron en el ñal
Los del Filo lo metieron en el nido.
Esta cancioncilla
nos puede dejar un poco perplejos, me explico: si los del Barrio de
Arriba mataron un sapo y los del Barrio de Abajo le comieron la barriga
(que ya son ganas), porqué aparece luego en un ñal donde
los cogen los de La Castañal. Y no solo eso, porqué los
del Filo lo sacan del ñal y lo meten en un nido. ¡Seamos
serios el sapo está ya muerto y sin barriga!
REPICAR
LAS CAMPANAS
Las campanas de la Iglesia no solo eran un elemento decorativo de la
torre si no más bien un instrumento de comunicación entre
los vecinos del pueblo. Dependiendo del sonido de las mismas en sus
diferentes maneras de tocarlas, los vecinos, sabían lo que procedía
hacer, es decir, lo que las campanas les estaban transmitiendo. Que
eran las doce, que había que ir al Concejo, cuando tocaban al
ganao, a fuego, a muerto, a las ánimas, etc. Cualquiera de estos
sonidos era sobremanera conocido ya que de ello dependía en buena
parte el desarrollo de la vida en comunidad.
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LAS
MAJAS con MANAL
Limpia la era, se reúnen los intervinientes en torno a un buen
pan de centeno y una mejor aguardiente. Son las primeras horas del día.
Hombres mujeres y niños de la casa se preparan para una ardua
tarea ayudados por sus familias más directas y algún que
otro amigo. Consumido ese primer desayuno se procedía a coger
los manojos de la meda y a extenderlos sobre el suelo para que el sol
caliente sus espigas con el fin de que el grano se desprendiera mejor
(a este acto se le conocía con el nombre de erada y era realizado
exclusivamente por los hombres).
Mientras el sol hace su función, los asistentes toman un almuerzo
que consistía en sopas de ajo o unos cachos con bacalao aderezado
con unos buenos tragos de vino. Finalizada esta comida, los hombres
colocados unos frente a otros iniciaban el golpeo de la paja con sus
manales cantando mientras trabajaban canciones de la época. Finalizado
el apaleo, entran en acción las mujeres, espaliando la paja,
baleando y arrastrillando, otorgando mediante estos actos un merecido
descanso a los hombres que vuelven al trabajo para atar las cuañeras,
colocar la paja en el medero y echar una nueva erada y, entre buenas
pintas, vuelta al manal.
A la hora de la comida, generalmente un exquisito guiso, producto de
la casa, se aprovechaba para departir sobre el trabajo realizado. Terminada
la misma se seguía con la maja hasta su finalización o
se interrumpía hasta el día siguiente si la meda era un
prodigio. En este punto se procedía a tomar unas espléndidas
dosis de sopa en vino, manjar digno de reyes que se preparaba con mimo
por el ama de la casa.
Terminada la maja se procedía a aventar el grano para dejarlo
limpio y poder guardarlo en el arca no sin antes saber la cantidad del
mismo que se había cosechado. El método de medición
se realizaba con la hemina.
EL
PAN BENDITO
Se llamaba Pan Bendito a los trocitos de pan que eran bendecidos por
el cura durante la misa y repartidos entre los feligreses a la salida
de la misma en la puerta.
LA
ALBORADA
Terminada la fiesta del sábado, los más jóvenes
y los no tanto, se juntan y con una gaita, tamboril y pandereta recorren
las calles del pueblo, intentando por todos los medios humanos posibles,
desbaratar el sueño de los que duermen. Los sonidos, los aturrios,
las voces, los cánticos, las pastas y la aguardiente son los
consejeros habituales, durante la madrugada, para aquellos que no desean
que la fiesta finalice.
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EL
HORNO
El horno de pan, como su nombre indica, era el lugar donde se producían
las hogazas y los bollos, amén de los postres como los brazos de
gitano. También era lugar de reunión diaria o casi de mozos
y mozas durante el llamado Serano.
Pero antes de llegar al horno y poder producir el pan o los dulces había
otras tareas que desarrollar. Del grano cosechado y guardado en el arca
o la panera se cogían los sacos necesarios y se transportaban,
a lomos de la burra o en el carro, al molino. De muy antiguo al del Riguero
y posteriormente al de Castellanos. Allí, se molía y con
harina y salvao se volvía para casa. El salvao para suplementar
la comida de los animales y la harina para hacer pan.
Recuerdo especial tiene el Horno del Ti Manuel. Su forma redondeada con
la puerta de entrada mirando a la Poza de La Castañal y adosado
contra la casa del Ti Tomas y la entrada de la del propio Ti Manuel. Era
un horno privado pero en el cocían multitud de familias.
Con la harina en el horno y cuando tocaba la vez, se echaba en la masera
junto a agua templada, sal, el hirmiento y levadura cuando la hubo y se
amasaba dejándola reposar un tiempo bien tapada. La masa que sobraba
se aprovechaba para hacer pequeños bollos de pan. De forma simultánea
se llevaba la leña, se encendía y se rojaba, es decir, se
mantenía el horno a la temperatura necesaria para cocer. En ese
momento se barría con una escoba de paja y se dejaba limpio.
Colocadas las masas en el estrao, con las palas se introducían
en el horno. A media cocción se les movía un poco con un
palo largo o cayato a fin de que la hogaza no se pegara. Se esperaba,
cosiendo o tejiendo, a que terminara de cocerse el pan, en torno a dos
horas más o menos y se sacaba colocándolo en el estrao a
enfriar. Antes de terminar y abandonar el horno se limpiaba bien para
el siguiente vecino.
Una familia cocía cada quince o veinte días. La hogaza de
pan de centeno estaba presente en cualquiera de las diferentes comidas
diarias de las personas, ya lo decía el refrán; con pan
y vino se anda el camino. No quiere esto decir que a todos les gustase
este pan, pero no hubo otro hasta bien entrados los años sesenta.
Y como los humanos somos así, hoy en día buscamos todos
probar este pan aún que sea de vez en cuando.
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LOS JUEGOS |
PINTO,
PINTO
Pinto,
pinto, gorgorito
vendo
las vacas a veinticinco
y los bueis a veintiséis
Tengo
un buey que sabe arar
degradar,
dar la vuelta a la redonda
y
este dedo que se esconda.
(trataba
el juego de ir pellizcando cada dedo de un jugador al terminar
la cancioncilla hasta que no quedaba ninguno)
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EL
SALTO LA MULA
Consistía
en saltar sobre una mula (un rapá que se ponía doblado
y con las rodillas semiflexionadas) mientras se cantaba...
a
la una, el salto la mula,
a
las dos, el salto el reloj,
a
las tres, el salto al revés,
a
las cuatro, un buen salto,
a
las cinco, un buen brinco,
a
las seis, una coz con los pies,
a
las siete, un bonete (y se dejaba el gorro en la espalda de la
mula)
a
las ocho, lo recojo,
a
las nueve, saca la bota y bebe (el saltador sacaba la pilila o
pasaba a ser mula)
a
las diez, guárdala otra vez,
a
las once, llama el conde,
a
las doce, le responde,
a
las trece, amanece,
a
las catorce, acabóse.
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?
Al
levantar una lanza
una
jardinera ví
regando
sus lindas flores
al
momento la seguí
Jardinera
tú que riegas
en
el jardín del amor
de
las rosas que tú riegas
dime
cual es la mejor
La
mejor es una rosa
que
se viste de color
del
color que se le antoja
y
verde tiene sus hojas |
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LA
GURRINA
Cada
jugador se colocaba frente al hoyo que había cavado,
provisto de un palo con un nudo en la punta. Cada jugador ponía
su palo encima del hoyo central que era el hoyo del que tenía
la vez (el que vela). Este decía en voz alta
"
echo manteca,
ni
verde ni seca,
quien
la ampare en el aire
que
la deje estar quieta.
Quieta
Gurrina"
en ese
momento dejaba caer una piedra sobre los palos. Cada jugador
intentaba darle a la piedra y enviarla lo más lejos posible
para tener tiempo de volver a meter su propio palo en su agujero
para evitar que se les adelantara el que vela. Este tenía
que buscar la piedra y a base de golpes meterla en su agujero
ante la férrea oposición de los demás que
intentan enviarla lo más lejos posible.
El juego
se desarrollaba normalmente en las peñas del Coto de
Campudanta mientras las vacas pacían y generalmente no
dejaban jugar a los más pequeños.
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LAS
ANTIGUAS MEDIDAS Y SUS EQUIVALENCIAS
El hablarle hoy a nuestros hijos y nietos de "cuartillos, celemines,
gavillas, mornales,cántaros, embelgas, arrobas, heminas o fanegas",
significa ver en sus caras una expresión, cuando menos, de asombro.
De hecho, lo primero que piensan es que estamos ligeramente locos. La
realidad es que aquellas eran las formas de medición de prácticamente
todo; cereales, líquidos, paja, superficies, pesos, etc.
Si
además les decimos que una medida con un nombre concreto se empleaba
para varios usos, los locos pasan a ser ellos mismos. Hemos de explicarles
que la fanega y el celemín, medidas de capacidad para grano; se
denominaban igual si se trataba de medir una superficie. El cuartillo
se empleaba para medir grano y a la vez era medida de capacidad para líquidos.
El cuarterón era apróximadamente un cuarto de litro y también
se usaba como medida de peso; igual sucedía con la hemina y la
fanega, medidas de superficie y de peso.
Pretendemos
con esta simple Tabla de Equivalencias que perdure en el recuerdo aquella
forma de vida. (Ver Tabla) |
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