CAZA CON ARCO

El enfrentamiento directo, próximo, personal entre

el animal salvaje

y

el Cazador Arquero

Nada es comparable, para un cazador arquero, a un amanecer en el monte envuelta en niebla y frío.

Apostada en las proximidades de una paso muy querenciado,con el frío calándome los huesos, observo la llegada de un prodigio de la naturaleza. Un excelente macareno y por delante de él, su escolta. Como casi a diario, bajan por la trocha hacia el prado. Pausadamente, hocicando aquí y allá, se encaminan hacia su zona de baño. Para llegar a ella han de pasar forzosamente frente a mí. ¿Forzosamente? ¡que ilusa! la verdad es que no creo haya en el monte elemento natural que impida a un buen jabalí caminar por donde desee. De cualquier forma, ambos siguen su querenciosidad. De pronto, el macareno se para, levanta la jeta, sopla, gruñe, atrae a su escudero y dando lentamente la vuelta, pienso que despreciándome, desaparecen.
Comienzo a sentir frío nuevamente, recojo mi cámara, la mochila y me voy contando pasos hasta el lugar donde vi por última vez al escudero. Once pasos. En fin, otro día quizás. Exultante por lo vivido me retiré despacio, andando sin andar, sin molestar, dejando atrás otro buen día de caza.

 

 

Al tensar el arco, cuando tengáis fijado ese punto vital (imaginario) del animal; en esas décimas de segundo que quedan para pensar; acordaros, "UNA FLECHA, UNA VIDA" . Si no es así, si no estáis seguros, si surge la menor duda; dejadle ir, habrá otras oportunidades. Pensar,simplemente, que

hay un placer mayor que matar; hacerlo bien y dejar vivir.

La caza con arco es tan difícil como que logremos acercarnos a la pieza a la distancia de nuestro tiro tenso ya que cualquier otra incrementará nuestro margen de error y hemos de recordar que no es posible ese error cuando está en juego la vida de un ser vivo.
Por lo tanto hemos de conocer nuestra distancia invariable. Practicarla en todas y cada una de las situaciones que podamos imaginar; de píe, de rodillas, sentado, tiros de espaldas, tumbados, girados, etc. Nunca debemos cansarnos de la práctica ya que ella nos llevará a un resultado final satisfactorio.

 

   

 

Herir una pieza y dejar que muera, sin buscarla; soltar una flecha, cuando en su trayectoria hay obstáculos; disparar a una zona no vital o no respetar "la Ley no escrita de la primera sangre"; constituyen por si solos, la ANTÍTESIS del Cazador Arquero, que basa sus acciones en los dictados de la caza responsable.


Esa "responsabilidad" ha de ir encaminada hacia determinados segmentos: Naturaleza; Ley; resto de Cazadores; Anticazas, etc. y por encima de todo el respeto hacia los animales salvajes.
La caza es necesaria, por tanto desarrollemos sus actuaciones dentro de una ética responsable y respetuosa.

 

El día de caza requiere muchos preparativos; la optimización de nuestro equipo, arco, flechas, puntas de caza, prismáticos, nuestra inseparable mochila conteniendo todo lo necesario para poder atender los casos que se nos presenten, etc. etc.
Imprescindible, si queremos acercarnos a nuestra pieza a 10, 20 o si queréis, a 30 metros, es ir perfectamente camuflado. Dada nuestra inferioridad ante los animales salvajes y nuestra proximidad para el lance; hemos de procurar por medio de formas o sistemas de ocultación que el animal no nos detecte.
El camuflaje se define como la capacidad que tienen los animales para confundirse en su hábitat; pues bien, tengamos también nosotros esa capacidad. Los animales conocen a la perfección cada cambio que en él se produce; desde una rama caída en un paso hasta el seguro olor que el cazador arquero despedirá, o el brillo de un arco no mimetizado o su flecha, los reflejos de unos prismáticos, gafas, manos, cabello, etc. Las prendas mimetizadas son imprescindibles para borrar nuestra delatora silueta, pero cualquier camuflaje no es válido para según que zona, ha de estar en consonancia con el entorno. Hemos de aprender a favorecernos de las sombras, estar oscurecidos por ellas y tener cuidado con los lugares de "luces y sombras". El rostro es sumamente delator, usar cremas miméticas o mejor un cubrecabezas o una braga que os recoja el pelo; poneos guantes aún en verano, las manos delatan al igual que cuello y orejas.
El movimiento es el primer factor de riesgo en un día de caza. Si lo que estamos haciendo es un aguardo en suelo, tendremos que tener cuidado con nuestros movimientos. Si no hay más remedio que moverse, ha de ser de forma secuencial, lenta.

 

 

A.R.A©